Para avanzar más rápido, Bruce elevó su mirada de los circuitos a los cielos. Estudió cómo el flujo de aire y la estructura afectaban a la velocidad e incorporó al equipo a un ingeniero del programa Concorde para que le ayudara a que sus coches fueran más rápidos.
Las ideas se pusieron a prueba en condiciones reales. Algunas funcionaron; otras, no. Pero lo importante fue el proceso: su visión y un pensamiento que desafiaba la lógica le permitieron hallar ventajas en aspectos que otros pasaban por alto.



